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Foro de la Pobla de Vallbona Foro de encuentro para tod@s l@s poblan@s
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MELIA
Registrado: 26 Jun 2007 Mensajes: 14
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Publicado: Jue Jun 28, 2007 4:57 pm Asunto: politica nacionalista |
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El nacionalismo valenciano, o valencianismo, es una corriente de pensamiento político que aspira al máximo nivel de autogobierno de la actual Comunidad Valenciana, como consecuencia de su consideración como nación política, denominada País Valenciano, lo que en última instancia incluiría el derecho a la autodeterminación de dicho territorio. Su consideración sobre cuál es su "nación cultural", sin embargo, varía del momento histórico, pero generalmente se asume que la Comunidad Valenciana comparte gran parte de su condición cultural con Cataluña, Islas Baleares, y Aragón, sin que ello influya en su "marco político" definido, que es estrictamente la actual Comunidad Valenciana.
Actualmente podemos distinguir tres tipos de nacionalismo valenciano: el 'pancatalanista', el 'secesionista' y la 'tercera vía'. Aunque de formas distintas, todos ellos tratan de conseguir el máximo grado de soberanía para el pueblo valenciano respecto del resto de España, especialmente a lo que se refieren con frecuencia como Castilla.
Valencianismo pancatalanista
Denominado también nou valencianisme por Joan Fuster, por su rupturismo con el valencianismo tradicional de preguerra. Postula que como la Comunidad Valenciana es un territorio de lengua catalana es por tanto de nación catalana, al menos culturalmente. Por eso los partidos que concurren en este pensamiento buscan fomentar y reforzar los lazos culturales y políticos con el resto de territorios de 'cultura catalana' (es decir, Cataluña e Islas Baleares); esto, en última instancia, conduciría a la independencia de la Comunidad Valenciana respecto a España, y a la formación de un Estado político de los Países Catalanes. En este marco se sitúan actualmente partidos como ERPV (Esquerra Republicana del País Valencià), PSAN (Partit Socialista d'Alliberament Nacional) y sectores del BNV (Bloc Nacionalista Valencià).
Fue la corriente nacionalista valenciana mayoritaria durante la década de los 60 y 70, representado por el Partit Socialista del País Valencià (PSPV), de izquierdas, y Unió Democràtica del País Valencià (UDPV), de centro-derecha. Sin embargo , no existe, ni tan sólo entonces, unanimidad sobre el modelo político, que va desde la libre confederación a la unión, ni siquiera sobre el ejercicio del derecho de autodeterminación con respecto a los PP.CC. A causa de estas importantes divergencias, aunque el nou valencianisme se mantuvo cohesionado por su oposición al régimen franquista, a los pocos años después de la aprobación del Estatuto de Autonomía valenciano se evidencia una importante crisis de credibilidad política reflejada en sus malos resultados electorales.
A consecuencia de ello, tiene lugar un profundo debate a partir de estas divergencias políticas, que acaba con la integración de dichos partidos nacionalistas en partidos de ámbito estatal, el PSPV en el PSOE y la UDPV en la UCD, con la pretensión de que ambos partidos asumieran parte de sus objetivos valencianistas. Sin embargo, no toda la militancia asumió esta decisión, y se crearon partidos como Partit Nacionalista del País Valencià (PNPV, de centro-derecha), Unitat del Poble Valencià (UPV, de izquierdas), Agrupament d'Esquerres del País Valencià (AEPV), etc... que, sin haber cesado el debate político e ideológico, con innumerables escisiones y fusiones, evolucionaría hacia posturas que van desde el valencianismo político estricto (tercera vía, ver sección) al libre confederalismo con los Países de Lengua Catalana, todo ello siempre partiendo del derecho de autodeterminación del pueblo valenciano como sujeto político estricto. Un reflejo de esta evolución del pensamiento político y cultural del valencianismo pancatalanista se recoge en la obra "De impura natione (crítica de la nació pura)" (1985), de Joan Francesc Mira, que serviría de base para los postulados de la tercera vía a finales de la década de los 90.
Valencianismo secesionista
La máxima de esta corriente es alcanzar las mayores cotas de independencia para la Nación Valenciana (nombre con el que se designaría el territorio contenido en la actual Comunidad Valenciana), también a nivel cultural y lingüístico, negando la unidad de la lengua catalana, y postulando que el valenciano es una lengua distinta (secesionismo lingüístico). A diferencia del blaverismo, sí reivindican el derecho de autodeterminación del pueblo valenciano, así como la independencia política, cuestiones no asumibles por el regionalismo blavero. Tiene una escasa implantación social pero, sin embargo, se reivindican a sí mismos como los herederos del valencianismo tradicional de preguerra, desde la fundación de Valencia Nova en 1904, a pesar de que el discurso político es diferente y a veces, incluso, contradictorio. Con frecuencia, los militantes de este movimiento se auto-denominan 'cuarta vía', siendo sus estandartes los partidos Opció Nacionalista Valenciana y Esquerra Nacionalista Valenciana, si bien el primero recientemente ha mostrado indicios de simpatía hacia el movimiento tercerviísta (descrito más abajo).
Tercera Via
Pertenecen a este movimiento los partidos que aglutinan el ideario de las otras dos vertientes, actualmente integrados en el Bloc Nacionalista Valencià. Los principales rasgos del 'tercerviísmo' son la creación de una constitución soberana de la Comunidad Valenciana que le permita organizarse en forma de 'República Valenciana', y la plena normalización del valenciano, el cual se reconoce como perteneciente al mismo sistema lingüístico que el catalán, pero conservando sus rasgos diferenciales. La Tercera Vía trata de mantener un equilibrio entre las dos aceras políticas del nacionalismo de postguerra, y en ocasiones puede parecer ambiguo; sin embargo, hoy por hoy es la opción que más valencianos atrae, teniendo amplia presencia en cerca de 122 municipios, a través del BNV.
El Estatut de Benicàssim puede ser considerado como la primera plasmación del espíritu tercerviísta; en él, valencianistas de un corte y de otro consensúan una bandera, un nombre para el territorio y una descripción para la lengua. A efectos de la actualidad, la principal tarea del tercerviísmo es acabar con la división del nacionalismo que se abrió en 1979 durante la Batalla de Valencia, y volver a alcanzar el consenso de la transición. |
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ciutadàdelmon
Registrado: 18 Jun 2007 Mensajes: 45
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Publicado: Vie Jun 29, 2007 7:22 am Asunto: |
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Definició de termes utilitzats: nació i poble.
Per experiència en debats similars, creiem imprescindible fixar les regles de joc que, en aquest cas, són les definicions dels termes que s'utilitzaran ja que els matisos dels significats que donem a les paraules poden no ser els mateixos.
Així, podem definir “nació” com a “comunitat d'individus als quals uns vincles determinats, però diversificables, bàsicament culturals i d'estructura econòmica, amb una història comuna, donen una fesomia pròpia, diferenciada i diferenciadora i una voluntat d'organització i projecció autònoma que, al límit, els porta a voler-se dotar d'institucions polítiques pròpies fins a constituir-se en estat” (definicó del Gran Diccionari de la Llengua Catalana - Ed. Enciclopèdia Catalana) i segons la definició “Kirby”, un “poble” és un “grup d'éssers humans individuals que tenen en comú tots o alguns dels següents elements:
a) tradició històrica comú;
b) identitat racial o ètnica;
c) homogeneïtat cultural;
d) unitat lingüística;
e) afinitat religiosa o ideològica;
f) connexió territorial
g) vida econòmica comú;
(Definició extreta de la Reunió Internacional d'Experts per la Dilucidació de Conceptes dels Drets dels Pobles de la UNESCO, any 1989).
Nosaltres preferim utilitzar el terme “poble” per les connotacions negatives implícites del terme “nació” (exaltació de la pàtria, superioritat d'unes nacions respecte a altres, etc.) a part de que no compartim l'objectiu de constituir cap estat.
Anarconacionalisme o anarcoindependentisme? Anarquisme!
La identitat de la que es parlava en la definició anterior no té perquè ser excloent. Efectivament, són la cultura i/o l'idioma els factors que determinen que un conjunt de persones que habita un territori real, per res virtual, s'identifiquin com a Poble. Poble que no ha de tenir unes fronteres nítides ni definides sinó que, tal com marquen, per exemple, les àrees de transició del català a l'aragonès (i viceversa) situades al que l'Estat anomena província d'Osca, indiquen permeabilitat i no exclusió.
L'anarcoindependentisme no busca l'homogeneïtzació cultural d'un territori ni l'establiment de fronteres físiques que separin i enfrontin a uns pobles amb altres sinó que entén el concepte de poble com quelcom dinàmic en el temps i en l'espai. No creiem que el poble original (per prendre com a punt de partida un moment concret de la història) s'hagi de preocupar per salvaguardar la tradició, la identitat racial, la unitat lingüística, etc. davant l'arribada de nous habitants als territoris culturalment homogeneïtzat. En una societat ideal, tots junts construirien i constituirien un nou poble perquè sempre és el individu la peça bàsica de qualsevol estructure social.
Però si que ens hem de preguntar perquè a una mateixa localitat o territori hi ha gent amb diferents sentiments de pertinença a un poble o perquè hi ha gent que rebutja un idioma i una cultura. Entenem que la homogeneïtzació és un procés socio-cultural natural i si no es dóna aquest procés hem d'analitzar perquè i amb quina finalitat: en el cas dels Països Catalans, nosaltres arribem a la conclusió de que aquestes circumstàncies es deuen a una imposició i a un intent d'uniformització per part dels estats francès i espanyol.
Per tant, el que no permetrem és la imposició dels elements que constitueixen la definició de nació (la uniformització) per part dels Estat francès i espanyol amb els propòsits (no ho oblidem) de facilitar la governabilitat i ampliar i/o assegurar mercats. Per a nosaltres, perquè es donin les circumstàncies de les que parlaven abans els canvis s'han de produir en una situació de llibertat total en la que no hi ha cabuda per als prejudicis contra un poble que donen lloc, per exemple, a la submissió lingüística.
En el cas de la llengua, l'anarcoindependentisme no està en contra de la desaparició del català si aquesta es produeix per “mort natural”, és a dir, si el català evoluciona per les aportacions d'altres pobles i, per tant, d'idiomes (igual que va passar amb el llatí i el naixement del català).
És per això que ens considerem independentistes, per viure on vivim. Encara que considerem que aquesta etiqueta és innecessària perquè l'alliberament dels pobles encaixa perfectament dins de l'anarquisme i perquè la utilització de etiquetes porten a la simplificació, utilitzem i ens considerem directament anarquistes. La lluita per l'alliberament dels pobles és inseparable de la lluita per l'Anarquia (no som interclassistes).
Al costat de qui lluitem?
A vegades ens han “tirat en cara” que lluitem o participem d'actes amb organitzacions de l'independentisme-estatista d'esquerres i que no ho fem pas amb altres col·lectius anarquistes. Directament, això és mentida. No neguem que hem participat i hem compartit lluites (antirepressió, defensa de centres socials, lluites veïnals, antifeixisme, etc.) amb aquelles organitzacions perquè entenem que els objectius a assolir són els mateixos i no entren en contradicció amb els nostres principis (per exemple, romanem alertes davant qualsevol intent de controlar una assemblea). Ens poden acusar de “frontpopulisme” (aquest seria un altre debat) encara que som conscients i coneixedors dels fets ocorreguts a la revolució d'Ucraïna (revolució makhnovista) o la mateixa revolució del 36-37 a Catalunya però no podem fer responsables d'aquests fets a tota l'actual militància de les organitzacions marxistes-leninistes i “derivades”.
Igualment, també lluitem amb altres col·lectius i organitzacions anarquistes en les mateixes lluites i en altres com són la denúncia de la darrera reforma laboral, la recuperació de la memòria històrica, la difusió del conflicte a Mercadona, la difusió de l'anarquisme, etc.
La postura de l'anarquisme “tradicional” respecte a l'alliberament dels pobles.
A l'estat espanyol, l'anarquisme “tradicional” veu amb simpatia i recolza lluites indígenes (la lluita dels maputxes a l'estat xilè, dels indígenes a l'estat bolivià), la lluita de la Cabilia a l'estat algerià, dels palestins, etc., i s'oposen a la uniformització cultural propiciada per la globalització capitalista.
No obstant això, a l'estat espanyol i francès ja no tenen les coses tan clares. Dins dels seus anàlisis veuen l'estat espanyol (s'obliden del francès) com un aplec de comunitats amb diferents costums i idiomes però no s'atreveixen a traçar una línia divisòria entre aquestes perquè fins i tot es poden trobar, dins del mateix territori, gent de comunitats diferents.
Qui és el que traça fronteres, doncs? Per a nosaltres, no cal traçar cap línia divisòria entre comunitats. Com ja hem dit abans, aquestes comunitats no han de tenir unes fronteres nítides i definides sinó àrees permeables i no excloents tal com ocorre de manera natural quan no hi ha cap tipus d'homogeneïtzació forçosa.
Pel que fa al fet de que hagi persones d'altres pobles dins d'un territori, nosaltres defensem la lliure circulació de persones, el dret de l'individu a triar on vol establir-se. I també defensem el dret de l'individu a integrar-se lliurement dins de la comunitat. No volem la creació de guetos. Igual que els anarquistes “tradicionals” els denuncien com eines de l'estat i el capital per dividir al poble a través del racisme i la xenofòbia, també haurien de treure alguna conclusió de que hagi gent dins dels Països Catalans que rebutja qualsevol cosa relacionada amb el català o els Països Catalans. Pot ser perquè aquests anarquistes també són víctimes dels intents dels estats francès i espanyol d'afrancesar i espanyolitzar respectivament aquests territoris a través, entre altres eines, de prejudicis sense cap base contra el poble català. |
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ciutadàdelmon
Registrado: 18 Jun 2007 Mensajes: 45
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Publicado: Vie Jun 29, 2007 7:37 am Asunto: |
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POR LA INDEPENDENCIA TOTAL
Y LA ANARQUÍA SIN LÍMITES.
Grupo Ikària
1.- La crisis del Movimiento Libertario
El movimiento libertario está atravesando ahora y aquí una profunda crisis, que es
necesario observar a diferentes niveles.
1.1 El Españolismo.
El sentimiento libertario de rechazo al poder, no se ha plasmado en una postura
favorable a laliberación nacional. Diferentes factores han contribuido: la inexistencia de
un trabajo teórico profundo que articulase la liberación nacional dentro de una propuesta
libertaria de lucha global, un excesivo dirigismo ideológico y anquilosamente general,
el miedo a los mitos del "estado catalán” y del “interclasismo”, la confusión obrero –
inmigrante / burgués – catalán,etc, todos estos aspectos serán tratados con más
detenimiento en los siguientes capítulos.
La práctica que se desprende de esto es netamente españolista, es decir, paralela a la del
estado “español”, y se manifiesta a niveles diferentes:
- la reproducción exacta del marco territorial impuesto por el estado, como marco de
lucha y de organización futura
- la utilización casi exclusiva del idioma oficial en la prensa y propaganda la aceptación
de las ideas de España y de españoles, como cosas naturales
- la indiferencia cuando no menosprecio ante la lucha por la liberación nacional.
Esta postura españolista no es, en principio, - y esto lo constatamos con tristeza– un
obstáculo para conseguir adeptos entre la clase trabajadora. El independentismo, aquí en
los PPCC, casi no tiene incidencia en el mundo del trabajo (n de t : téngase en cuenta
que este texto es de1975), a pesar de sus esfuerzos en este sentido. Esto es triste, pero es
necesario ver que si la clase trabajadora no es independentista, actualmente tampoco es
anticapitalista. El obstáculose produce de cara a unos sectores que analizaremos más
adelante, que son los que en estos momentos llevan todavía un enfrentamiento contra el
poder, y entre los cuales el españolismoes un revulsivo.
Sentimos muy profundamente el españolismo que impregna los medios libertarios, pero
sería un grave error atribuir la crisis a este único motivo
1.2.- Dirigismo ideológico/moral de grupo
¿El anarquismo es una ideología? Esta pregunta se nos hizo en un debate realizado en
radio Venus con compañeros del movimiento libertario.Hemos hecho una entretenida
comparación entre ideología y religión (tomando el cristianismo como modelo) y hemos
descubierto las similitudes siguientes:
- Las dos prometen un cielo donde todos son felices y buenos
- Tienen una jerarquía sacerdotal que aletarga a los creyentes con la promesa de este
cielo.
- Tienen personajes santificados a los que rinden culto
- Se horrorizan ante la “herejía” , como ruptura de su sistema de valores, como ruptura
de la verdad”
- Mantienen determinados rituales (mitin – misa, manifestación – procesión, consigna –
oración, celebración de determinadas fiestas, adoración de los líderes, etc)
- Necesitan una masa de fieles a la que puedan atontar con su discurso
- Simbología, martirología, etc ...
Una organización o un movimiento que no esté permanentemente abierto a la
autocrítica, acaba siendo una nueva iglesia. Así, a menudo Marx ha acabado en profeta
de un nuevomundo paradisiaco, y su obra, en la Biblia que las diferentes sectas –
leninista, maoísta, trotskista, stalinista... – se apresuran a interpretar. Y hace falta añadir
que algo parecido hapasado dentro del movimiento libertario. Es por esto, que
valoramos muy positivamente cualquier crítica – y sobre todo cualquier práctica –
antidoctrinal, ya sea un hecho tan brutal ymaravilloso como el estallido insurreccional
de la Autonomía Operaria en la Italia del 77 (alucinamos a Marx) o el trabajo
realizadopor Arco da Vella en Galicia, Askatasuna en Euskadi, o, ahora, por la
Coordinadora Libertaria de los Països Catalans.
De todas formas, y a pesar de la creciente religiosidad del movimiento libertario
queremos reivindicar el anarquismo, por considerarlo algo sustancialmente diferente a
una ideología. Enprimer lugar, no es obra de un solo autor, sino del resultado de las
diferentes aportaciones de un conjunto heterogéneo de autores. En segundo lugar, no es
un proyecto acabado, sino quepor su propia dinámica antiautoritaria es necesariamente
adoctrinal y abierto a las nuevas situaciones. En tercer lugar, a partir de la idea de
anarquía (no-poder) ha dado prioridad a lanegación (lucha e insurrección) ante la
afirmación (la sociedad futura). El anarquismo, más que una ideología es una actitud
vital del individuo de rebeldía contra todo poder.A pesar de todo esto, dentro del
movimiento libertario existe un dirigismo ideológico. Hay una verdad inmutable que
todo militante tiene que aceptar. Si un individuo es suficientementecrítico cómo para
dejar de militar para la verdad, y empieza a pensar por si mismo, será tildado de hereje,
de disidente, de revisionista, etc... La más triste constatación de todo esto latenemos en
la expulsión de la CNT de Euskadi del colectivo libertario Askatasuna, que definía la
liberación nacional e independencia de Euskadi dentro de una alternativa libertaria y
global. Nosotros somos herejes, en el sentido de rechazar cualquier planteamiento
doctrinario, incluida – y esto es básico- una hipotética doctrina “anarcoindependentista”.
Cuando hemos planteado asumir la liberación nacional desde una perspective
anarquista, hemos desencadenado la furia doctrinal de los sacerdotes anarquistas. Si esto
sirve para quesalgan de su letargo devocional ya está bastante bien: un movimiento sólo
avanza a partir de herejías. Establecer unas líneas rígidas que tiene que seguir una idea
que quiere liquidarcualquier poder, significa incurrir en una grave contradicción, dado
que establecer este rigidismo no es otra cosa que dictar unos límites, unas prohibiciones,
un nuevo poder. Y cuando una idea empieza a parecerse a una religión, es que el
movimiento que la encarna está en franca descomposición.
Pero de la misma manera que un estado puede perpetuarse gracias al seguidismo de la
masa conformista, este dirigismo ideológico sólo ha sido posible gracias a la pasividad
y alineaciónde las bases libertarias. Y sobre todo, gracias a la moral del grupo. Por
moral del grupo entendemos la incapacidad crónica de determinados individuos a tener
un criterio propio, y que por tanto puede llegar a ser diferente al criterio del grupo. El
grupo – cualquier grupogenera unas determinadas pautas de conducta, unos gustos y
preferencias, un vocabulario ,forma de vestir, etc. Se establece una relación psicológica
entre amoldarse a él bien y premio (aprobación moral del grupo) y amoldarse mal y
castigo (desaprobación moral del grupo).Resulta desesperante constatar la presencia y
magnitud de estas formas de poder en un movimiento que afirma querer destruir
cualquier poder, especialmente en los años 1976-77(quizás ahora no tanto porque somos
menos). La “anarcomoda” supuso la adopción de unos rols de conducta supuestamente
libertarios, sin una reflexión previa y propia.
Si con los sacerdotes hemos chocado con la furia doctrinal, con esta especia de
monaguillos elúnico argumento que hemos encontrado han sido sonrisas, frases hechas
e intentos de apelación al tribunal supremo de la moral del grupo, en intento de justificar
su cretinismoideológico. Este individuo es débil y se refugia en la moral del grupo,
como el cristiano se ampara en la religión.
1.3.- Falta de perspectivas
El movimiento libertario, ni cuenta con una mínima articulación que dinamice el
proceso revolucionario, ni tiene definidas una estrategia y una táctica anticapitalista a
corto, medio y largo plazo, que aceleren este proceso. En la situación actual, sobreviven
algunos grupos, pero al estar faltos de estas condiciones, su práctica se reduce a una
suma de acciones aisladas perfectamente ineficaces para destruir un estado cada vez
más fuerte.
Llegados aquí, el movimiento libertario puede pasar a formar parte de los mecanismos
de asimilación del poder, en tanto que lugar donde aparcar los disidentes, pero sin un
peligro de desestabilización real, dada la militancia vegetativa y testimonial que se
lleva, y el anarquismo puede convertirse en religión, con una doctrina fósil que pretende
tener respuestas para todo, y, sobre todo, que permite soportar la vida con la promesa de
un futuro mejor, convirtiéndose en ambos casos, en práctica inmobilista... un caso
aparte son las CNTs.
1.4.- Los esquemas tradicionales
Las CNTs sí que presentan un proyecto tanto de articulación como de estrategia: el
anarcosindicalismo.
Pero además de su españolismo, cierre doctrinario en general y conservadurismo de
muchos militantes – a niveles como familia, sexualidad, etc – mantienen los esquemas
del siglo XIX: el obrerismo y la definición de la revolución y del mundo futuro en base
al trabajo. No han entendido que los esquemas tradicionales murieron en Mayo de 1968
y que desde entonces hemos entrado en una dinámica de lucha totalmente diferente.
El mundo del trabajo ni es el motor de la revolución ni es la base sobre la cual se ha de
definir la sociedad futura (en el comunismo libertario el trabajo es una actividad
marginal). La lucha obrera es sólo uno de los campos de actuación. Es más, en las
sociedades democráticas occidentales, donde el progresivo aburguesamiento de la clase
obrera ha atenuado hasta hacer desparecer la lucha de clases, si exceptuamos los
periódicos reacomodos de los salarios al nivel de consumo – práctica necesaria para el
capitalismo- y donde el estado, a través de sus mecanismos de control (partidos,
sindicatos, televisión, escuela...) es aceptado por la población, la lucha obrera ha
quedado atrás respecto movimientos como el ecologismo, el antimilitarismo, el
movimiento estudiantil, etc...
Por todo esto la vieja oposición clase obrera/burguesía como motor fundamental de la
revolución no sirve, y es necesario introducir un concepto nuevo, el concepto
globalizador del viejo mundo, que se opone a un sector revolucionario nuevo, que tiene
la particularidad de no ser externo al propio viejo mundo. El viejo mundo lo es todo: la
minoría dominante, la izquierda colaboracionista, la masa conformista... Viejo mundo
no es una clase social ni una categoría económica, es una concepción de la vida
resultante de siglos de explotación y de alineación, una concepción compartida
indistintamente por el burgués o por el obrero. Viejo mundo es un concepto que
globaliza una civilización entera. Las diferentes formas de estado representan las
posibles estrategias de este mismo hecho.
Por lo que respecta al nuevo sector revolucionario, ha habido diferentes intentos de
definición.
Para el colectivo Askatasuna es el ciudadano trabajador. Esta concepcióntodavía está
dentro del obrerismo. Para el movimiento provo holandés (1965-1968) es el
provotariado: “la clase obrera ha pasado de ser la vanguardia de la revolución a ser la
retaguardia de la reacción”.
“La nueva clase revolucionaria es el provotariado – formado por los marginados, los
estudiantes, los jóvenes descontentos, el lumpen...”. El error de esta concepción está en
creer que todos los estudiantes o todos los marginados son la vanguardia de la
revolución. Es necesario no hacer sistematizaciones, y especialmente en nuestra área
geográfica, donde a pesar del conservadurismo de la clase trabajadora, pervive entre
algunos (pero muy pocos, ¡eh!) sectores obreros aquel clima anticapitalista que se
respiraba años atrás. En última instancia no se tiene que olvidar que el MIL surgió de
aquí. Lo que es necesario desmitificar es el pretendido revolucionarismo de la clase
obrera: el sujeto revolucionario es el individuo.
Este individuo puede ser obrero, pero hasta en ese caso, no definimos su individualidad
en función de la parte de su vida que más desprecia, el trabajo, el salario; o puede ser –
como cada vez es más- un joven descontento, un marginado, etc, pero ninguna de estas
etiquetas es anterior a su realidad de individuo.
La crítica al anarcosindicalismo de ho y se produce por no haber sabido entender el
enorme potencial revolucionario de los numerosos colectivos libertarios de barrio, de
instituto o de facultad, de pueblo, que aparecieron entre 1976-77, y en no haber
dinamizado un proceso de articulación y de colaboración en que CNT fuese la vertiente
obrera de un movimiento libertario global. Y la crítica – que es autocrítica- a los
colectivos libertarios autónomos se centra que delegaron a menudo en CNT este tipo de
iniciativas y no supieron adquirir una dinámica propia. Hoy de todo aquello ya no queda
nada.
El anarcosindicalismo tiene que tener en teoría una actuación a un doble nivel. El
primer lugar a partir de núcleos anarquistas de agitación y propaganda a las empresas. Y
en segundo lugar, dentro de la asamblea general de los trabajadores de la empresa. La
base del movimiento obrero será, consecuentemente, la asamblea, y la tarea del
sindicato, además de la agitación y propaganda, está en colaborar en la resistencia, en la
solidaridad con otros sectores, en la defensa jurídica, etc (en última instancia, la
confederación de sindicatos sería el embrión de la sociedad futura). No obstante, en los
años 1976-77, la CNT se lanzó a una campaña de captación de afiliados, similar a la de
los “sindicatos mayoritarios”, es decir, basada en la masa obrera, no en el individuo
anarquista, basada en la casualidad de los compañeros de empresa que se afilian a la
CNT como se podrían afiliar a CCOO o UGT, no estaba basada en la concienciación. A
partir de aquí, es decir, a partir del “sindicalismo de masas” que no es el núcleo
anarquista de agitación, pero que tampoco es la asamblea de empresa, la CNT cayó en
la contradicción de crear dentro de cada sindicato un núcleo anarquista dirigente que era
el fundador del sindicato, y una masa de afiliados dirigidos por aquél. Esta masa, como
toda masa, no tenía criterios propios, era simple carne de cañón del núcleo dirigente. En
estas condiciones, un hecho como el “caso Scala” significó el inicio de la huída de la
masa afiliada.
Se ha querido presentar este caso como un gran montaje para desmantelar el
movimiento libertario, pero en realidad, lo que se jugaba era la credibilidad de la CNT
contra la credibilidad del estado, y quién juzgaba favorablemente a uno u otro era
el grado de imbecilidad de cada espectador; los que éramos anarquistas antes del “caso
Scala” después lo continuamos siendo; los otros eran simple masa alienada y
manipulable, ayer por unos dirigentes, hoy por la televisión. El anarcosindicalismo no
sólo no se ha basado en el individuo nuevo respecto a la masa afiliada, sino que en
muchos casos – no siempre, no obstante – los mismos militantes parten de unas
concepciones progresistas en el aspecto socioeconómico, pero conservadoras respecto a
aspectos como la concepción patriarcal de la familia nuclear, basada en la autoridad del
padre y la sumisión de la mujer y los hijos, en la exaltación del trabajo, en sus sistemas
de valores, al ser fieles del anarquismo, etc. Entendemos que el comunismo libertario no
es sólo un proyecto social y económico, sino un proyecto integral y liberador, basado en
un individuo totalmente nuevo.
El otro gran mito del anarquismo tradicional es la preocupación minoría/mayoría. En el
siglo XIX podía tener un cierto valor referencial plantear la anarquía como una lucha de
liberación de la mayoría contra la minoría dominante. Pero simplemente un valor
referencial.
Actualmente, todas las fuerzas políticas intentan legitimar sus propuestas apoyándose en
el mito de la mayoría. Pero, de la misma manera que el anarquismo no es esencialmente
obrerista, tampoco tiene por base la mayoría, sino el individuo. El comunismo
libertario, la anarquía, no es una simple suma de personas iguales, con un
funcionamiento interno progresista, son el resultado asociacionista de una serie de
individuos previamente independientes. El individuo es único, autónomo, irrepetible. El
individuo es un concepto anterior al de sociedad , y por tanto ésta tiene que ser
expresión en aquél. Solamente en la anarquía su pertenencia a una sociedad – o mejor, a
una “asociación”- es permanentemente voluntaria y rescindible. Nada se puede situar
encima suyo. A partir de aquí, el individuo tiene derecho a luchar contra cualquier
forma de dominación, sea ejercida por una minoría o, en última instanc ia, por una
mayoría. Esta reflexión no es gratuita: el mito de la democracia (mito que será
convenientemente destruido en los capítulos siguientes), juntamente con la creciente
alineación de masas, puede llegar donde no pudo jamás llegar la dictadura militar: a
identificar el estado con la sociedad. Si esto sucede, y en según cuales democracias
occidentales está sucediendo, y la presente desmovilización puede ser una anticipación,
las formas de lucha no asimilables por el poder, a partir de sus partidos y de sus
sindicatos, etc, serán marginadas y posteriormente criminalizadas. Llegados aquí, la
decimonónica dualidad minoría/mayoría pierde todo sentido. (Resulta grotesco observar
las estrategias populistas u obreristas de la izquierda aspirante a parlamentaria, que
vacila entre una postura radical que tenga una mínima coherencia anticapitalista y una
postura moderada que sea atractiva para la masa conformista, a pesar de que haya
dejado de ser anticapitalista). En resumen, a pesar de que es cierto el conformismo de la
mayoría , es producto de la acción de una minoría, que es la realmente dominante, el
mito de la mayoría como argumento de legitimación de posturas ha de desaparecer. En
este punto, sólo tenemos dos opciones: entender el anarquismo como una religión y
esperar su cielo (llegar a la decrepitud física y contemplar retrospectivamente la gloriosa
esterilidad de una vida de militancia) o tomarlo como un punto de salida de una práctica
autónoma, directa e insurreccional, en permanente autocrítica hacia el comunismo
libertario.
2.- ESTADO/NACIÓN
La liberación nacional ha encontrado reticencias entre los medios anarquistas, entre
otros motivos, por la confusión entre los conceptos de Nación y Estado
2.1.- Estado institucional y Estado territorial
La nación y el estado no son sinónimos. Ni tan sólo conceptos complementarios. Por
estado, a parte de otros significados ajenos al tema, entendemos, de un lado, la
institución de gobierno y de administración y, por otro, el territorio en dónde esta
institución ejerce su gobierno y su administración. Está claro que ambos se condicionan
recíprocamente, hasta el punto de que el uno es imprescindible para la continuidad del
otro, pero existe entre ellos una diferencia de composición, que hace falta señalar y
delimitar para poderlos oponer con claridad a la nación.
El Estado institucional, como forma organizada de poder, se desarrolla en el tiempo
tomando diferentes formas como dictadura militar, democracia burguesa, socialismo
estatista, etc (aunque las diferentes formas se reduzcan a esquemas similares: unos
grupos dominantes ejerciendo el poder, unos cuerpos represivos para mantenerlo, una
moneda para pagarlos, un lugar, la escuela, de adoctrinamiento de la moral y
comportamientos del sistema, otros lugares – la prisión y el manicomio- donde aparcar
los diferentes tipos de disidentes, el trabajo como actividad básica y valor supremo, una
legislación al servicio de esa dominación...). En cambio, el Estado territorial se
desarrolla en el espacio geográfico y se ve alterado en su extensión a partir de los
conflictos internacionales, en definitiva, a partir del potencial bélico y financiero del
Estado institucional del que es expresión. El estado territorial, como resultado
geográfico del estado institucional, incluye dentro suyo y de forma arbitraria, gran
cantidad de lugares a menudo diferenciados poblacionalmente. Incluye toda una serie de
individuos y les fuerza a tener un devenir histórico, social, económico, cultural, etc
común al mismo tiempo que los separa, por medio de las fronteras, del resto de la
humanidad.
2.2 Nación/Estado
El individuo engañado, sobre todo, por la escuela y los medios de comunicación, y
seducido por exhibiciones de fuerza o actos de patriotismo (de una “patria” inventada
por el estado), puede llegar a considerar el estado territorial donde ha sido incluido
como una cosa natural y propia de la cual es una parta, hasta el punto de hablar de
“compatriotas” o de “extranjeros” según se viva a uno u otro lado de las fronteras
políticas. El estado, pero, está sometido a cambios que alteran su territorio e incluso que
le hacen desaparecer o que hacen que nazcan otros. Por tanto, esta identificación del
individuo con el estado vendrá delimitada por la capacidad de este a autoperpetuarse. Es
aquí donde radica que sea un gran error confundir el estado con la nación. Por nación
entendemos una comunidad humana que nace de la identificación de un grupo de
individuos entre sí con las tierras en donde viven, identificación que es posible por una
proximidad que permite el contacto y la convivencia y por una capacidad de
comunicación que se concreta en una misma lengua como elemento fundamental para
entenderse.
Mientras el estado se basa en la posesión de unos elementos de poder – un mismo
gobierno, una moneda, un idioma oficial – que por muy comunes que sean a una
población determinada no permiten utilizarlos como elementos definitorios de ésta, sino
más bien como exponentes de su sumisión, la nación se basa en la posesión de unos
factores también comunes a una población, pero expresan su realidad étnica, su
personalidad colectiva.
Desde una perspectiva antiautoritaria resulta inadmisible pensar que el estado configura
una realidad étnica. El estado, incluso un “estado catalán” , siempre ahoga y pone
tapujos a la realidad étnica. Estado y nación no se corresponden ni conceptualmente ni
territorialmente. A menudo el estado contiene más de una nación o bien una nación se
ve repartida entre diversos estados. Cuando un estado es plurinacional, adopta como
idioma oficial y como montaje cultural en general el de una de las naciones, iniciando
así en las otras un proceso de sustitución de todos aquellos elementos que configuran su
taranná (¿?) característico. Con eso y todo, puede existir una nación y un estado que se
correspondan territorialmente. Esta posible correspondencia no elimina al estado
institucional su carácter de herramienta represiva y alienadora, aunque su acción no la
ejerza sobre la identidad nacional. En este caso, la existencia de aquella nación no se
deberá al hecho de poseer un reconocimiento oficial por parte de los gobiernos, sino a la
misma presencia continuada de unos individuos con unas características propias y
comunes.
2.3.Cultura social y cultura étnica
La aparición en el texto del concepto de cultura nos lleva a hacer algunas reflexiones
sobre el tema. Definimos la cultura a un doble nivel: social y étnico.
Referente a la cultura social, oponemos la cultura popular espontánea, libre y creativa a
la cultura oficial, estereotipada desde el poder. La cultura étnica, por otro parte es la
expresión de una nación, desde la lengua hasta todas las otras manifestaciones que la
configuran como comunidad diferenciadora. Dentro del estado plurinacional, y por
causas que analizaremos más adelante, se tiende a oficializar la cultura étnica de una de
las naciones e imponérsela a las otras. En la lucha por la liberación social y nacional de
los PPCC (Paisos Catalans) se produce una confluencia entre cultura social popular y
cultural étnica catalana. Cualquier iniciativa que no parta de estas premisas esconde
nuevas formas de dominación. No pueden ser válidas ni una cultura catalana
conservadora ni una cultura popular españolizante (ni mucho menos, una cultura
conservadora española o francesa, que es lo que actualmente se da).
No se puede admitir globalmente una cultura étnica sin separar primero aquellos
aspectos que no pueden desarrollar la personalidad del individuo, de aquellos otros que
pertenecen al viejo mundo de la autoridad y el oscurantismo. Esto implica un rechazo a
aspectos como religión, moral, familia, etc, que a pesar de formar parte del bagaje
cultural de una nación a lo largo de los siglos, sólo pueden ser conservados como
recuerdos de otras épocas, pero nunca como una reivindicación para el presente o para
el futuro. Igualmente, no se puede hacer una cultura social popular en la cultura étnica
impuesta. Es hacer un españolismo popular, mucho más peligroso que el oficial al
provenir de fuentes con más credibilidad entre las clases populares
2.4.- Nacionalismo/Estatalismo. La opresión nacional
El estado territorial, como realidad político-administrativa basada en una unidad
violenta y artificial, necesita segregar una ideología patriótica que lo legitime ante la
población. Necesita aparentar una cohesión entre los diferentes territorios que lo
componen. Distinguimos aquí dos tipos de nacionalismo, el que se basa en el estado y el
que se basa en la nación.
El nacionalismo estatalista se convierte en la ideología del estado, cumpliendo dos
funciones: eliminar cualquier rastro de conciencia diferencial entre las dos naciones
sometidas por aquél, con la finalidad de evitar cualquier intento de secesión y por tanto
el fraccionamiento de su poder, y de otra parte, como elemento de superación de los
antagonismos sociales – con cualquier pretexto patriótico- es decir, como consolidación
de un orden social clasista.
El nacionalismo estatalista, o mejor, el estatalismo, como exaltación irracional de la
patria estatal, toma formas agresivas cuando ve la continuidad de la “patria” en peligro,
siendo así un obstáculo a la solidaridad internacionalista. El españolismo y el
francesismo son dos ejemplos palpables de estatalismo.
De la incidencia del estado sobre la nación, intentando sustituir a esta, proviene lo que
llamamos opresión nacional. La incomprensión de este hecho es uno de los principales
motivos de la indiferencia de los anarquistas ante la lucha de liberación nacional. La
opresión nacional se manifiesta en dos niveles. De un lado en un nivel directo, con la
ocupación militar, con la imposición de divisiones administrativas aberrantes – hasta el
punto de partir por el medio la nación por frontera de estados – con una represión
abierta o camuflada sobre las manifestaciones lingüísticas y culturales, la sustitución de
estas manifestaciones por las oficiales del estado, la uniformización general, la
persecución de los luchadores o de cualquier individuo que se cuestione la unidad, la
paz, el orden del estado, etc. Y de otro lado en un nivel indirecto , de una forma más
peligrosa, con la alineación de la población a partir de la introducción sistemática del
estatalismo. El reconocimiento y admisión de la patria estatal, en tanto que ejercicio
mental castrador, sirve al estado como agente de despersonalización, de anulación de la
capacidad de razonamiento del individuo y por tanto contribuye a perpetuar y consolidar
el sistema.
Así mismo, el nacionalismo que toma como base la nación intenta superar este
alineamiento y redescubrir la identidad nacional. En este sentido y unido a una práctica
anticapitalista puede llegar a ser un factor progresista, e incluso como un factor de
desestabilización del estado central. Ahora bien, en manos de una burguesía local que
quiere un estado propio para asegurarse su peso financiero y comercial, etc, llega a ser
tan nefasto como el nacionalismo estatalista.
2.5.- Estatalismo anarquista y estatismo independentista
Tanto los anarquistas como los (otros) independentistas no han concebido la liberación
nacional fuera del Estado. Esto ha llevado a los primeros a no asumir esta liberación por
tener miedo de estar potenciando un nuevo Estado, y a los segundos, a reivindicar este
Estado como única forma de liberación nacional. Esto les ha llegado a una limitación en
su actual lucha contra el estado español: en el anarquismo, en tanto que lo reproduce en
su extensión territorial, aceptando el nombre y gentilicio y tomándolo como marco de
lucha en el presente y como unidad de organización en el futuro, y en el
independentismo, en tanto que lo reproduce en sus esquemas represivos (ejército,
policía, prisión, juzgado, manicomio, escuela, fábrica, ciudad...) aunque no la ejerza
sobre la identidad nacional o las disfrace de socialismo.
El estatalismo de los anarquistas y el estatismo de los (otros) independentistas suponen
un lastre conservador que los dos movimientos actualmente más radicales llevan encima
desde hace demasiado tiempo, y que han de superar definitivamente. La necesaria
síntesis entre anarquismo e independentismo supone la liquidación del estado en
cualquiera de sus acepciones. En el caso del anarquismo, la incomprensión no se limita
a los términos en que planteamos la liberación nacional, sino que es un problema mucho
más de fondo. Se puede hablar de un auténtico nacionalismo estatalista. Sus tímidas
propuestas de federalismo (donde siempre reproduce este estado: federalismo de los
pueblos de España, o, todavía peor, el sueño imperial español: “federalismo ibérico”)
unidas a su persistente utilización del idioma impuesto, en prensa y propagandas, han
acabado por convertirlo en un movimiento sospechoso de españolismo. Hablar (y por
tanto aceptar) de “España” y de “españoles” supone asumir esa ficción nacional como
algo propio. Han matado al Estado, pero continúan siendo españoles.
3.- LIBERACIÓN NACIONAL
3.1.- La actitud de los anarquistas
En el planteamiento libertario tradicional, la lucha por la liberación nacional no tiene
que ser asumida porque responde a una iniciativa burguesa y, como tal, significa
enfrentar el proletariado de diversas comunidades nacionales e, implícitamente,
favorece a las burguesías locales, “nacionales”.
A partir de la confusión entre Estado y Nación, concibe cualquier proyecto de liberación
nacional como la reproducción de los esquemas administrativo represivos del estado
central, y, por tanto, lo rechaza. A menudo con frases como “nuestra patria es el mundo
“ se ha dado por solucionado el tema.
En el primer capítulo ya se ha examinado el españolismo dentro del movimiento
libertario.
Pero seguramente el error más cínico ha sido plantear la liberación nacional como un
obstáculo para una liberación internacional. No se puede concebir ésta sin la liberación
previa de cada una de las unidades más pequeñas. Se ha confundido el
internacionalismo, el cual se ha de basar en la solidaridad entre las comunidades
nacionales, con un interestatismo, el cuál reproduce fielmente el marco territorial, el
marco patriótico del estado. Cuando un movimiento ha llegado a ser estatalista es que
lleva dentro un proyecto que tiene que ver con el estado; estatalismo y estatismo son dos
ideologías de un mismo estado.
En estos momentos, es necesario recuperar la liberación nacional desde una perspectiva
libertaria. Es erróneo pensar que esta liberación va a favorecer necesariamente a la
burguesía, que crea nuevas fronteras, un nuevo estado, que enfrenta al proletariado... En
este capítulo intentaremos perfilar las bases de una propuesta libertaria y global, que
contemple la liberación nacional como un punto más.
3.2.- La actitud de los independentistas
Para el independentismo de izquierdas, que sufre también la confusión entre estado y
nación, la liberación nacional sólo se puede concretar en la creación de un nuevo estado,
que oponga un nuevo aparato administrativo-represivo al del estado central. La
obtención de este “estado catalán”, ni que sea “socialista”, no es una reafirmación
popular ante el poder. No existe un “estado propio”, ni desde una perspectiva nacional
ni desde una perspectiva social. La institución estado existe siempre por encima y contra
la población que gobierna. Cualquier estado es siempre el apartado de unos grupos
dominantes. Los diferentes estados pueden ejercer su dominación sobre diferentes
territorios, o en nombre de diversas ideologías y clases, pero éste es el aspecto externo
del poder. Incluso podría existir un estado que territorialmente se correspondiese
exactamente con los Països Catalans, pero sería ésta una correspondencia puramente
formal: la dominación revestiría diferentes formas y sería ejercida por otros grupos
sociales, pero esencialmente continuaría siendo la misma.
La idea de independencia, con todo el contenido ruptural liberador que puede tener, se
ve así ahogada por la idea de estado.
3.3.- Independencia y anarquía.
La idea de que la independencia sólo es posible a partir de la creación de un nuevo
estado es falsa. Es más, la creación de un estado no es independencia. El estado es
siempre un fenómeno administrativo-represivo, un fenómeno jurídico e institucional
creado para someter a la población. No ha existido nunca un estado que fuese la libre
expresión de la población, esto significaría que ha perdido sus atribuciones hasta tal
punto que ha dejado de ser estado.
La nación, en cambio, es un fenómeno poblacional. Por todo esto, la obtención de un
estado “catalán” no es indiferente, porque continuará siendo un fenómeno institucional.
El estado propio, el “estado catalán”, el “estado socialista de los Països Catalans”, son
tan solo diferentes variantes administrativo represivas, pero nunca un fenómeno
poblacional. La independencia es la ruptura con toda la forma de dominación, la no
delegación de la propia capacidad de decisión y actuación. Es por eso que la
independencia es esencialmente individual, antes que nacional, y, por descontado,
mucho antes que estatal. Tomamos al individuo cómo base de un proyecto federativo
que vaya articulando libremente las diferentes unidades poblacionales (comuna,
comarca, región...) a partir de la previa independencia de las unidades más pequeñas.
Esta es una independencia total, porque va hasta el final, hasta el individuo. Llegados a
este punto, coincide con la anarquía. Pero se diferencia del proyecto anarquista y del
independentista en que no parte de modelos estereotipados, como “federalismo de los
pueblos de España”, “federalismo ibérico” o “reunificación de los Països Catalans”,
sino que considera que la federación es el resultado de unas necesidades y aspiraciones
colectivas, que se expresan libremente de forma espontánea y que reviste múltiples
ramificaciones. Los Països Catalans no son para nosotros un marco patriótico
(estatalista) obligado. Son una propuesta hecha a partir de unos lazos étnico lingüísticos.
Contra el proyecto militarista de reunificación, oponemos el de libre federación.
En la propuesta anarcoindependentista, la independencia de los Països Catalans se
entiende como una suma de las previas independencias regional, comarcal, comunal e
individual.
Oponemos la confederación al estado. La confederación surge como una, forma de
asociar fuerzas ante un objetivo común, ya sea la defensa de la insurrección, el asegurar
suministros, etc... Pero se diferencia del estado en que es la asamblea la que toma los
acuerdos, las comisiones encargadas de realizarlos son constantemente revocables... y
sobre todo en que cada una de las partes, desde el individuo, puede abandonar la
asociación cuando esta ya no le interese. La nuestra es una propuesta comunista
libertaria y ecologista radical.
Utilizamos deliberadamente la palabra “comunismo”. El comunismo libertario o
comunismo anarquista es la aportación que hace al anarquismo P.Kropotkin y que
diferenciamos del socialismo libertario o anarcocolectivismo de M.Bakunin. En
términos estrictamente socioeconómicos, mientras el segundo pregoniza la propiedad
común de los medios de producción y la participación de todos en la producción a
cambio de una retribución proporcional al trabajo realizado, el primero considera esta
retribución como un nuevo salario y pide llevar el comunismo no sólo a la producción
sino también al consumo de los bienes producidos, a partir del comunismo de la
abundancia y del apoyo mutuo. ¡Alucinamos a Kropotkin!. Si a finales del s.XIX el
desarrollo tecnológico ya permitía hablar del comunismo de la abundancia, actualmente
no sólo es posible esto sino convertir el trabajo en una actividad marginal. A partir de
aquí, la idea del comunismo toma una nueva dimensión, que representa una revolución
integral que afecta a todos los aspectos de la vida.
El marxismo, en cambio, habla del estado socialista cómo paso previo al comunismo.
Las experiencias históricas, con eso y todo, demuestran de sobra que el poder no es un
medio sino un fin en sí mismo. El estado socialista se ha convertido en una de las
formas de dominación más represivas y anuladoras que nunca se hayan concebido.
Existe entre las bases del independentismo catalán un cierto recelo sobre la idea de
“estado socialista de los Països Catalans” en la medida que no sea nada parecido al
bolchevismo totalitario. Se habla de un “socialismo diferente”, de la “revolución según
la realidad catalana”. Hay, pero, oposiciones como federalismo/centralismo,
asambleísmo/poder, autogestión/estatalización, etc, que no admiten un punto medio. Y
ecologismo radical, porque el capitalismo ya no es únicamente unas determinadas
relaciones socioeconómicas, sino una concepción globalizadora que afecta a toda la
actividad. La categoría de “institución penitenciaria” se ha apoderado de la sociedad.
La escuela, la fábrica, la misma ciudad, son cárceles ampliadas. Una insurrección
anticapitalista no se puede limitar a cambiar las relaciones socioeconómicas. “Nos
basamos en el inagotable espíritu de destrucción y de anihilación que es fuente eterna de
nueva vida. La alegría que ofrece la destrucción es una alegría creativa”. La sustitución
de la ciudad por el bosque, del trabajo por la afición, la demolición de las diferentes
instituciones penitenciarias, la liberación de los animales del zoo, la liquidación de los
cuerpos represivos... una revolución que cambie integralmente la vida cotidiana. El
ecologismo radical no es únicamente una propuesta antinuclear y de defensa del medio
ambiente. Si bajo el delirio productivista del capitalismo, un urbanismo aberrante ha
ocupado la tierra, creando entre cemento y cemento “zonas verdes”, con nuestro delirio,
el bosque reocupa la tierra, creando entre verde y verde “zonas industriales”. La comuna
ecológica y autogestionaria sustituye la ciudad y la fábrica. La comuna, basada en el
asambleísmo y en el comunismo libertario, de un alcance muy superior al meramente
económico, y en el que el individuo es el eje principal. Las comunas y su confederación
sustituyen y niegan al estado. La anarquía, sin embargo, ha dejado ver “el cielo”. La
anarquía que puede surgir de las ruinas del viejo mundo, tiene grandes limitaciones,
como lo demuestran diferentes experiencias históricas. La anarquía es un nuevo punto
de salida. Será indefinidamente un nuevo punto de salida porque no creemos en la
necesidad de un cielo estable y sí en el encanto de la utopía. Y la anarquía ha dejado de
definirse como una situación que ocupa un espacio y un tiempo, para conquistar nuevas
áreas de caràcter individual, que se plasman en el absentismo, el sabotaje, la
expropiación, la provocación y el contrapoder, la alegría de ser disidente, el desprecio a
las diversiones del sistema...
3.4.- El derecho a la secesión
El derecho de secesión, el derecho a “formar o no formar parte” de alguna cosa, es el
más elemental. Los diferentes derechos han de basarse en la validez de la soberanía que
queremos defender. La secesión aparece como la ruptura de unas relaciones de
dependencia indeseadas, por parte de una unidad más pequeña respecto a una unidad
más grande. En el planteamiento independentista tradicional, el derecho a la secesión
nacional aparece a partir de la negación de la soberanía estatal. Se considera a la
comunidad nacional sometida, con una entidad propia, diferente, única, y que, cómo tal,
es legítima su secesión, la desobediencia a los dictados de la entidad más grande. Este
derecho a la secesión se plasma en una voluntad de independencia que es limitada en un
doble sentido.
En primer lugar, no se atreve a decir abiertamente que plantear el derecho de una
entidad más pequeña a autoadministrarse respecto a una entidad más grande, es un
derecho elemental anterior a la democracia, a la cual no se atreve a combatir
frontalmente, alucinada como se encuentra por los nuevos mitos con los que el estado
capitalista español se autoperpetua.
Nosotros oponemos acracia a democracia. En la democracia – no sólo en la democracia
burguesa, sino en todo el planteamiento democrático – la sociedad o reunión de
individuos que han de regir según el principio de la mayoría, existe anteriormente a los
individuos que la componen (sea esta el marco territorial del estado español o el que
sea), negando de buen principio su derecho a “formar o no formar parte”, a salirse
cuando quieran, forzándolos de esta manera a tener un devenir común y a obedecer a los
dictados de una entidad – la mayoría – que es conceptualmente posterior a ellos mismos
y que solamente podría empezar a tener un poco de sentido si fuese el resultado de una
libre asociación. En la acracia, en cambio, los individuos tienen una existencia propia y
anterior a la sociedad que no es otra cosa que esa libre asociación de individuos
independientes, que pueden adoptar un mecanismo de
funcionamiento interno o no, pero en el que cada uno puede optar a rescindir su parte de
la asociación, puede decidir “no formar parte”.
La limitación en este sentido del independentismo tradicional es que después de haber
negado la validez de la “soberanía nacional” del estado central, basa en una mayoría
forzada (la “prisión de pueblos”) únicamente le opone otra “soberanía nacional”, la del
estado de los Països Catalans, creada a partir de la idea de ser nación de ser una entidad
propia, diferente y única, anterior al estado español, pero no sabe llevar la negación
hasta el principio, hasta reconocer el primer escalón con entidad propia, diferente y
única: el individuo. No reconocer previamente la individualidad provoca que la suya sea
una independencia limitada, una independencia entre diferentes soberanías nacionales,
impregnadas ambas de estatalismopatriotismo (un marco territorial obligado) y de
estatismo (una similar institución administrativo – represiva) pero que nunca sea un
hecho liberador.
Y la segunda gran limitación, derivada íntimamente de la primera, es que concreta su
derecho a la secesión en la edificación de un nuevo estado. Una vez más, la confusión
entre estado y nación hace que se presente el fenómeno institucional como una solución
al fenómeno poblacional. Como ya se vio antes, el mito del “estado propio” es falso. El
estado siempre será el instrumento de las clases dominantes sobre la población, sea el
que sea su marco territorial de actuación, su ideología, la clase en el poder, etc... y la
población no podrá jamás llegar a identificarse y fusionarse con un estado propio o no
propio, porque esto significaría que este se ha disuelto en tanto que estado. Es por esto
que el derecho a la secesión de los (otros) independentistas, en última instancia, no
afecta en nada esencial al individuo: su estado podrá no ejercer la dominación sobre la
identidad nacional, pero reprimirá igualmente las áreas de decisión y de actuación
individual, que son anteriores a la nación y negadoras del estado. Sólo a partir de oponer
la confederación al estado se puede llegar a una INDEPENDENCIA TOTAL y a una
ANARQUÍA SIN LÍMITES, se puede llegar a llevar el derecho de secesió n al primer
eslabón, al individuo. Una vez reconocido el caràcter propio, diferente y único de todo
individuo y a partir de aquí, su derecho a la secesión, a “no formar parte” , se puede
comenzar a construir una asociación, ya sea el municipio libre, la comarca, o la
confederación de comunas autogestionarias de los Països Catalans.
3.5.- Independentismo mejor que nacionalismo
Optar por el término “independentismo” en lugar del de “nacionalismo” responde a
diversos criterios. En principio, no consideramos el nacionalismo necesariamente
opuesto al internacionalismo. De hecho, el segundo sólo se puede entender – ni que sea
etimológicamente – como una ampliación del primero. La exaltación de la propia
nación no es un obstáculo para la exaltación de las otras naciones, aunque nuestro
objetivo no es exaltar nada, sino liberar algo que se encuentra reprimido. Todo y con
eso, no defendemos el fenómeno “nación” en bloque, porque en tanto que fenómeno
poblacional, presenta dentro suyo todas las contradicciones de las sociedades clasistas.
En el capítulo 2º hemos opuesto cultura popular a cultura burguesa, teniendo en cuenta
que ambas pueden ser “catalanas”, y además, aquí oponemos el individuo disidente al
viejo mundo, teniendo presente que también ambos pueden ser “c atalanes”. Además,
dado el peso que tiene la burguesía catalana dentro del estado español, el viejo mundo
“catalán” es muy grande, y nuestro antagonismo social con ella lo suficientemente
pronunciado, como para que nos distanciemos del “nacionalismo” y nos acerquemos al
concepto de “independentismo”, entendido en su contenido más ruptural y más de
autoafirmación del poder.
Hablar de naciones opresoras y de naciones oprimidas es una falacia. Existe una
opresión nacional que se manifiesta desde la marginación del idioma hasta la
interiorización de un patriotismo estatalista, pero es erróneo globalizar toda la
comunidad nacional como opresora u oprimida. Dentro de cada comunidad nacional
existe un antagonismo social, de tal manera que el estado central no es la expresión de
la supremacía de una nación sobre las otras, sino que es el instrumento de todas las
clases dominantes que se encuentran dentro del estado, para mantener su dominación
social.
La perpetuación del estado español no se debe al mito de “Madrid” o a una hipotética
“clase dominante española”. Se debe a una alianza entre las diferentes clases
dominantes (burgués catalán, terrateniente andaluz...) que son las auténticas
inspiradoras del estado y las responsables del colonialismo interior.
La burguesía catalana no es la víctima del estado español, sino uno de sus puntales más
firmes. Es por ello, y no únicamente desde una perspectiva de revolución social sino
también de liberación nacional que nuestro enemigo prioritario es la burguesía catalana.
En este contexto, el papel jugado por el regionalismo burgués en el paso del
capitalismo- fascista al capitalismo-democrático es paralelo al jugado por la izquierda
parlamentaria y la izquierda aspirante a parlamentaria. Es decir, a partir de la exaltación
de algunos aspectos folclóricos o puramente nominales de la realidad catalana, ha
absorbido a un importante sector de la masa media conformista (“clases populares”, etc)
y ha canalizado su descontento hacia “una participación catalana dentro de España”. El
regionalismo burgués se ha revestido de nacionalismo y toda una colección de escritores
y políticos demagogos con acceso a la prensa y a los medios de comunicación nos ha
bombardeado y escopeteado con declaraciones de defensa de Catalunya, “somos una
nación”, etc. Bajo toda la fraseología, no obstante, hay lo mismo de siempre: el
autonomismo como solución para la continuidad de “España”, la exaltación regional
como superación del antagonismo social, la fragmentación de los Països Catalans... la
burguesía catala na, como toda burguesía, tiene por ideología el capitalismo, nunca la
nación. Si en un momento dado le puede ser útil fingir que tiene por ideología la nación,
lo hace. Pero lo hace mezquinamente: no tiene ni el empuje de las burguesías liberales
europeas del s. XIX que reclamaban la separación política; la burguesía catalana es
españolista. Los diputados y senadores regionalistas resumen muy bien esta postura en
un manifiesto realizado el año 1909, ante los hechos de la Semana Trágica (106
muertos, 1725 procesos militares, 5 penas de muerte ejecutadas): “Cómo ciudadanos de
un país en que las instituciones representativas abren el camino a la ordenada
manifestación de la voluntad y de los sentimientos populares, como catalanes
enamorados de nuestra tierra, condenamos la violencia contra las personas y contra las
propiedades para mayor irrisión en nombre del pacifismo... protestamos que se haya
elegido para perpetrar estos atentados el momento en que nuestro ejército lucha
heroicamente para sostener en una campaña exterior, la dignidad y el futuro de España”
(1). La burguesía regionalista, con una mano adula el electorado local y con la otra al
gobierno central. Observad como después del 23-F, el presidente de la Generalitat Jordi
Pujol ponía especial énfasis en reafirmar la españolidad de Catalunya, en sus discursos
por otras “comunidades autónomas”
(1) Manifiesto de senadores y diputados regionalistas, “Nuestra protesta”, en el
Correo Catalán de 19-08-1909
3.6.- La liberación nacional en una perspectiva marxista.
Examinando la obra de Karl Marx referente a la liberación nacional, observamos que no
llega nunca a una formulación teórica genérica sobre el tema, sino que su opción gira
siempre en torno a la situación concreta de cada nación. Esto se deriva de su idea sobre
la evolución histórica. La Europa de mediados del s.XIX se debate todavía entre las
pervivencias del régimen feudal y el ascenso del capitalismo. Marx considera que en los
países más “atrasados”, el ascenso de una burguesía liberal, democrática y nacionalista
es positivo, primero porque liquida el régimen señorial anterior, y segundo, porque
sienta las bases de un capitalismo industrial en el que se desarrollará el proletariado,
condición necesaria para llegar al socialismo, a partir de su dictadura de clases y de aquí
al comunismo. Es en este contexto de la necesidad de pasar por el “purgatorio”
capitalista para llegar al socialismo y al comunismo, que es necesario ver la posición de
Marx ante las numerosas reivindicaciones naciones que se presentan durante el s. XIX.
Para Marx, la liberación nacional no tiene un derecho propio, la subordina a la
liberación social. Es decir, si una reivindicación nacional coincide con una burguesía
progresista que reclama libertades democráticas a un estado central “atrasado”, entonces
la reivindicación nacional si que merece ser defendida. Ahora bien, si el “atrasado” es el
pueblo que reclama la libertad nacional, entonces su reivindicación no tiene que ser
defendida.
Marx ataca las pretensiones de liberación nacional de los pueblos eslavos respecto al
imperio austro-húngaro, ya que son pueblos “atrasados” y su victoria es un paso atrás en
la lógica materialista (ascenso de la burguesía, formación del proletariado, etc...) y
además, favorecería la situación de Rus ia (despotismo zarista) en la Europa Oriental.
En cambio, sufre un furibundo pangermanismo. Marx observaba en la Alemania de los
años 1870 uno de los países en la vanguardia de la revolución socialista: se ha cumplido
la unificación política y económica, existe una acelerada industrialización con la
consiguiente formación de proletariado, este proletariado se ha dotado de
organizaciones de clase, etc... Cree que la “germanización”, es decir, la asimilación
alemana de los pueblos eslavos, les sacará de su situación de retraso y les llevará hacia
el camino del socialismo.
En las interpretaciones historiográficas anarquistas del s.XIX, en cambio, sobre todo los
trabajos de Kropotkin y de los hermanos Reclus, el paso al comunismo, a la anarquía, se
puede hacer desde cualquier situación histórica, sin necesidad de pasar períodos de
transición.
Esto comporta otra visión del hecho nacional. En los países precapitalistas no será
necesario importar ningún modelo revolucionario foráneo – no hay una “mission
civilizadora” – sino que será el campesinado el sujeto revolucionario. Esta visión del
“siempre es el momento oportuno” hace que implícitamente se reconozca la
especificidad de cada lugar y de cada situación (paneslavismo de Bakunin). Es conocida
la afirmación de este autor: “el estado no es la patria, es la abstracción, la ficción
metafísica, mística, política, jurídica de la patria. Las masas populares de todos los
países aman profundamente su patria; pero éste es un amor real, natural. No se trata de
una idea: se trata de un hecho ... Por esto, me siento francamente y constantemente el
patriota de todas las patrias oprimidas”. Ahora bien, también es conocida la afirmación
de Marx: “un pueblo que oprime a otros pueblos no será nunca libre” (1870). Lo que es
necesario observar es qué práctica se desprende en cada caso. Marx , atrapado en su
lógica, sacrifica cualquier cuestión pendiente al triunfo final del comunismo. Un exceso
de “ciencia” le ha convertido en reaccionario. Ignorar qué es la opresión nacional,
ignorar el derecho de secesión, el derecho a mantener el carácter único, autónomo e
irrepetible de cualquier identidad, sea individual o nacional, supeditar una (de otra parte
inexistente) liberación nacional basada en la edificación de un nuevo estado burgués, a
frías elucubraciones de laboratorio sobre si acelera o hace retroceder la marcha
imparable de la historia... todo eso hace de Marx un perfecto desconocedor de los
contenidos liberadores que puede llegar a tener el comunismo. En el comunismo –
entendemos por este la sociedad autogestionaria en que el estado se ha extinguido – los
individuos reafirman y potencian al máximo todos los aspectos de su personalidad,
contrariamente a los sistemas anteriores, en que un grupo dominante, organizado en
forma de estado, reprime o tergiversa de estos aspectos a fin de perpetuar su
dominación. No creemos en un comunismo estereotipado, que ha perdido toda su
autenticidad en la gestación en el laboratorio, sino en un comunismo, o mejor todavía,
en una anarquía como práctica constante y como actividad vital. Cuando Marx justifica
la desaparición de pueblos eslavos “atrasados” para ser germanizados, o cuando justifica
la penetración colonial del capitalismo británico en la India, porque eliminará el
despotismo oriental y acelerará las fases de formación de una burguesía y,
posteriormente, de un proletariado revolucionario, no está pregonando un comunismo
liberador sino una monstruosidad totalitaria, a la cual los individuos llegan después de
haber perdido una importante parte de su personalidad: la identidad nacional.
(Aquí dejamos este apartado para no hacernos demasiado rollo, si alguien tiene un
inusitado interés (masocas hay en todos los lados) (n de t: esto forma parte del texto
original, pero desconozco como se podría contactar hoy en día con los autores del
mismo) que se ponga en contacto con nosotros). Amén.
4.- ESTADO: NI ESPAÑOL NI CATALÁN
4.1.- Contra el “estado socialista” de los Países Catalanes
Los grupos que actualmente se reclaman favorables a la independencia de los Países
Catalanes, desde una perspectiva marxista, si que han llegado a una formulación teórica
sobre la independencia en la cual la liberación social y nacional son simultáneas. Esta
formulación se plasma en el llamado “estado socialista de los País es Catalanes”. La
actitud de denuncia llevada por el movimiento libertario no nos sirve porque a pesar de
denunciar el estado socialista no ha sido capaz de dar ninguna alternativa de liberación
nacional. Una de las principales utilidades del presente trabajo es la de realizar una
crítica al citado estado desde una perspectiva anarquista pero al unísono
independentista.
Todo estado socialista es, en realidad, capitalismo de estado. El sector que se apropió de
la revolución, encuadrándola en sus esquemas de partido, necesitó el apoyo de un
amplio movimiento social que abarca a la mayoría de la población, pero una vez
conseguida la revolución, ha liquidado las áreas de autonomía que las clases populares
han arrebatado al anterior régimen y sólo una elite burocrática ejerce el poder. La
concentración de todo el poder económico, militar y político en manos del estado
socialista hace que este llegue a un grado de perfección dentro del capitalismo, no
conseguido por la democracia burguesa. En el capitalismo monopolista, en efecto, la
alta burguesía, a pesar de ejercer su dominación social, tiene disputas interiores
(competencia entre empresas, etc...). El estado socialista, en cambio, ha dado una
cohesión a la clase dominante a través del partido: las empresas son públicas y la
planificación orienta la producción, pero los excedentes son apropiados por la nueva
clase dirigente, a la cual llamaremos “tecnoburocracia”. Esta es la base del capitalismo
de estado, que tiene un cierto parecido, como señala Abraham Guillén, con el modo de
producción asiático descrito por Marx, y que Stalin, en su enumeración de los modos de
producción marxista, omitió, para evitar peligrosas deducciones... El control del estado
socialista, a pesar de esto, no se limita a la esfera de la producción, sino que afecta a
cada aspecto de la vida individual como ningún otro tipo de estado ha llegado a hacer: la
alineación ideológica en los mitos del “socialismo”, la militarización de la sociedad, el
cont rol policíaco del individuo, el control de movimientos, el exterminio de la
disidencia...
El estado socialista de los Países Catalanes no será una excepción. Hay oposiciones
como reunificación/confederación, centralización/autogestión, estado/anarquía,
productivismo/ecologismo radical, elite tecnoburocrática/población, que no admiten
punto medio ni excepción histórica. La pasma del estado socialista de los Países
Catalanes no se dejará llevar por el “seny” cuando tenga que reprimir. Pero es que
además, el estado socialista de los Países Catalanes no resuelve tampoco la cuestión
nacional. Una nación no es únicamente un marco territorial determinado, es sobretodo
un grupo poblacional de individuos con unos vínculos étnico- lingüísticos. De aquí
radica que su liberación no se resuelve con un simple cambio en la ubicación de la
institución administrativo-represiva estatal, sino que sea un proceso más profundo, de
descubrimiento y potenciación de la propia identidad, un estado, podrá “legalizar” esta
identidad en sus aspectos externos, como lengua, manifestaciones culturales, etc... pero
nunca “potenciarla” porque teme enfrentarse a individuos tan altamente conscientes de
su individualidad. Y en última instancia, porque “independizarse” es romper cualquier
vínculo de dependencia , y el estado socialista de los Países Catalanes lo único que
puede hacer es someter a la población y mantener militarmente “unidos” los territorios
que componen estos Países Catalanes.
4.2 Contra los topicos libertarios
Planteamos ahora una cuestión : la liberación de un individuo es un ostaculo per la
liberación global de individuos? no es mas bien una necesidad? Una sociedad en
bloque, puede liberarse, pero no nos interesa la sociedad. La sociedad es una jaula
donde viven diferentes individuos, no importa bajo que régimen, pero pris ioneros al fin
y al cabo, por no haber podido elegir si formaaban o no parte. Nos interesa la
asociación, en la medida que es una organización social posterior al propio individuo, y
donde este vive voluntariamente y hasta que quiera. La unidad primera es el individuo,
tan equivocado seria pensar que su liberación dificulta la de la colectividad, como
pensar que la liberación de esta colectividad dificulta la de ese individuo. Una vez
hecho este paralelismo, porque el anarkismo mas integrista y doctrinario se empecina en
considerar la liberación nacional, que una liberación que afecta a individuos concretos,
como un ostaculo para la liberación internacional ? El anarkismo es, en teoria, multiple,
diverso, federalista, parte de abajo para llegar a arriba. El anarkisrro pregona que
combate al estado. Donde se amagan estas proyectos? El anarkismo esta aceptando al
estado en su territorio y en su ocmbre, esta siendo estatalista, esta ignorando la realidad
mas pequena, que es la base de su planteamiento, para favorecer una abstracción
juridica "grande", como es "Espana". Su internacionalismo no es otra cosa que la fiel
reproducción de los diferentes estados.
No asumir la liberación nacional, posponerla a una futura e hipotética destrucción del
estado, significa convertirse en complice del estado en su tarea de anihilación de las
comunidades nacionales. El anarkismo no ha sabido comprender la opresión nacional en
lo que esta tiene de especifica, y por esto, ha confundido las iniciativas nacionalistas
liberales del siglo XIX, como unica posible via de liberación nacional. A partir de la
idea de que toda reivindicación nacional tiene como objetivo la creación de un nuevo
estado independiente en manos de una burguesia local, ha ignorado aquella e
implcitamente ha venido a favorecer el proyecto uniformizador estatalista.
Tan erróneo como confundir el estado con la comunidad nacional es el pensar que el
hecho de asumir una lucha de liberación nacional viene a separar, cuando no a enfrentar,
las clases populares de las diferentes naciones del estado plurinacional y a favorecer los
intereses de la burguesía local. Una solidaridad internacionalista, en éste caso entre las
diferentes comunidades nacionales sometidas por el estado español, ante este enemigo
común, ha de producirse en igualdad de condiciones. La utilización – por ejemplo – del
idioma de una de ellas en la prensa y propaganda que leen las otras, supone una nueva
jerarquía, y al fin y al cabo un sacrificio de las comunidades minoritarias a favor del
oficial. El pretendido federalismo ha acabado en centralismo. La lucha cotidiana de las
clases populares catalanas, es solidaria con la de las clases populares de las otras
naciones, pero no sólo en el estrecho yartificial marco geográfico del estado español,
sino de mas allá de sus fronteras. No estamos separando esfuerzos, estamos
reconociendo a cada uno su propia individualidad, condición previa y necesaria para
enfrentarse al enemigo común, el estado.
Pero el españolismo del movimiento libertario no es únicamente una confusión de
nombres, sino una concepción mucho más profunda. Identificarse con el territorio
“España”, adoptarlo como marco organizativo en el presente y en el futuro, sentirse
“españoles” , representa la aceptación y la prioridad del criterio político –
administrativo estatal ante el criterio poblacional. Históricamente, el “movimiento
libertario español”, ha condenado repetidas veces las reivindicaciones nacionales,
tildándolas de separatismo. ¿Qué significa entonces su federalismo?. Federalismo
supone agrupación o asociación a partir de unidades que son previamente
independientes, y por tanto, libre de asociarse o separarse cuando mejor les convenga.
Hablar de “separatismo”, supone llevar un modelo organizativo obligado, que, por
tanto, no se puede alterar libremente. Se tiene que combatir el españolismo del
movimiento libertario y todo el conservadurismo que impregna el “paraíso”
estereotipado. No vamos a crear nuevas fronteras, sino a disfrutar las existentes. Vamos
a liquidar el viejo mundo. |
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MELIA
Registrado: 26 Jun 2007 Mensajes: 14
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Publicado: Vie Jun 29, 2007 10:15 am Asunto: |
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| En tu discurso encontraras un sin fin de contradiciones, buscalas y aclarate. |
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ciutadàdelmon
Registrado: 18 Jun 2007 Mensajes: 45
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Publicado: Vie Jun 29, 2007 10:19 am Asunto: |
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| Dank'u'well |
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zorro
Registrado: 05 Sep 2006 Mensajes: 942
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Publicado: Vie Jun 29, 2007 4:09 pm Asunto: |
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Ya se que copiar y pegar es facil, pero coño que luego hay que leerlo, moderación. _________________ adeu nazionalistas |
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LLiBeRTaRi
Registrado: 02 Ene 2007 Mensajes: 34 Ubicación: Cara la Pantalla
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Publicado: Mar Jul 03, 2007 5:57 pm Asunto: |
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Ja te dic xDDDD, achavo el que hi ha ahí! hahaha! _________________ <img src='http://img126.imageshack.us/img126/1559/chucknorris4il3fgah5.gif'> |
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ciutadàdelmon
Registrado: 18 Jun 2007 Mensajes: 45
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Publicado: Mie Jul 04, 2007 5:24 pm Asunto: |
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Urte asko zain oin aze urteak, hor zauden tokian ez ahatzu dembora badoala, bakarrik pentsaera hori geldituko da.
Agur! |
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zorro
Registrado: 05 Sep 2006 Mensajes: 942
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Publicado: Mie Jul 04, 2007 10:22 pm Asunto: |
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Pues para no querer ser español solo escribes en lenguas españolas, ademas aun no estas en africa?, creo que en burundi andaban cortos de natalidad seguro que allí te esperan con los brazos abiertos. _________________ adeu nazionalistas |
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